Somos lo que comemos

Hace menos que más en España todos los alimentos: verduras, cereales, carnes, pescado, legumbres, frutas ... se suponían orgánicos. Pocos lo dudaron. Una fe ciega y ciertamente ingenua reinaba en las empresas que veían por nuestra salud y bienestar.

¡Que decepcion! Este pensamiento arraigado en nuestra mente, costumbres y creencias familiares ha generado brechas, muchas brechas, brechas inesperadas y expectativas que afectan tanto a los procesos de cultivo, congelación, procesamiento, empaque e incluso conservación.

Si bien somos un país con una elevada concienciación en cuanto a alimentación y origen de materias primas, pues las tenemos en gran cantidad y calidad; es menos común entre el usuario o comprador habitual conocer los entresijos de los sistemas de proceso que sufren muchos de los productos que consumimos a diario y de qué forma pueden, o no, ser perjudiciales para nuestra salud.

El problema puede radicar en el cultivo, el tratamiento... pero es el momento del procesamiento el que tiene un impacto más nocivo en términos de salud.

Hoy en día los sistemas de procesamiento de alimentos en cocina se rigen por una regulación algo laxa (perfectamente equiparable a las vigentes en países como EEUU). No dejemos que nuestra querida "dieta mediterránea" nos ciegue. Las tasas de obesidad en menores y enfermedades cardiovasculares en Estados Unidos lo manifiestan. Las nuestras no son mucho mejores.

¿Cómo lo solucionamos?

Existen opciones prácticas basadas en aplicaciones tecnológicas gratuitas (y, otras de pago) al alcance de todos, que nos alertan del buen o mal procesado de los alimentos simplemente leyendo el código de barras. Un buen ejemplo de ellos es la aplicación Myrealfood (créanme, no es publicidad encubierta, soy una usuaria real).

Se trata, como indico, de aplicaciones gratuitas que ofrecen información sobre productos en tiempo real, y nos alertan sobre aquellos alimentos cuyo procesado podría atentar contra nuestra salud.

Estoy convencida de que cuando comencé a usar estas aplicaciones, más de uno y más de dos “transeúntes” del supermercado pensaron que estaba completamente loca. Sin embargo, en los últimos meses he podido observar que mi salud ha mejorado y que cada vez somos más los que nos preocupamos por verificar el origen y procesamiento de lo que consumimos.

Hay algo que no debemos olvidar: somos lo que comemos. Tomemos conciencia y comamos bien y con sabooooor.

 

Marina Tordera
Periodista
Absolut Consulting

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